Los Ventisqueros Negros
Los Ventisqueros Negros
Conocí Bariloche en marzo de 1964. Mi hermana, doce años mayor que yo, participaba de un encuentro con sus compañeros de secundaria que ya tenían 30 años de edad, de un viaje a ese lugar turístico y pidió si podía agregar a un hermano (yo) que la acompañara. En el grupo se sumaron algunas madres que ayudarían en la preparación de necesidades alimenticias cuando volviésemos de las excursiones.
Con una compañera de mi hermana llegamos los tres a Bariloche en el tren Arrayanes un día después que el grupo mayoritario había arribado. Nos vinieron a buscar a la estación ferroviaria y con el transporte público llegamos hasta Península San Pedro donde ya estaban alojados los compañeros de mi hermana en el Chalet de la señora Mendelsohn, en el camino de acceso a la península, después de una curva.
Hicimos varias excursiones: Isla Victoria y Península Quetrihué, Cerro López, Cerro Catedral, Cerro Campanario, Llao-Llao en varios días y se planificó una excursión de todo el día para llegar a los Ventisqueros Negros del Cerro Tronador. La excursión se contrató en la ciudad de Bariloche y el día asignado acudimos temprano a la mañana para tomar el bus que nos llevaría a ese sitio. El camino sinuoso, angosto y agreste predisponía a un encuentro con la naturaleza a pleno en esos lugares del sur del país. Los paisajes se sucedían de manera agradable y visitamos lagos, ríos, cascadas, puentes y por fin accedimos al camino que nos lleva al camino del ventisquero.
En cuanto llegamos y bajamos del Bus, sobre la derecha del camino estaba delimitada una planicie nevada con rocas e hielo donde un hilo de agua, proveniente de la Cascada Velo de la Novia surgida en lo alto de una elevación montañosa que sugería esa visión animada, atravesaba esa planicie rumbo al lago aguas abajo.
A la izquierda del camino se presentaba una muralla de hielo ennegrecido por el arrastre de rocas pequeñas y tierra proveniente del Cerro Tronador y que avanzaba año tras año luego de las importantes nevadas en los picos Chileno, Internacional y Argentino. El peso del hielo formado por las sucesivas nevadas del invierno que se compactaban hacía avanzar el glaciar hacia las llanuras de las laderas del cerro. Bajo esa lengua del glaciar oscuro y terroso corría el agua de deshielo ocurrida en los meses del verano, socavando su interior y formando grutas naturales a las que los pasajeros de la excursión podíamos acceder uno o dos metros en su interior teniendo sobre nuestras cabezas un techo irregular de hielo suavemente iluminado, con incrustaciones de pequeñas rocas y pedruscos, que goteaba intermitentemente. Era un espectáculo lindo, sobrecogedor y maravilloso que nos daba la naturaleza en toda su magnitud. Habrán sido uno o dos minutos de contemplación en ese sitio y salí del lugar para dar paso a otros turistas de esa excursión.
Luego caminamos con dificultad rumbo a la cascada debido al hielo resbaladizo mezclado con rocas y nos mojó esa neblina de gotas pequeñas y finas proveniente de la altura de esa agua de deshielo, pura y fresca.
Un tiempo después regresamos al bus para retornar a Bariloche, pero el recuerdo de esa visita a los ventisqueros negros del Tronador permanece intacto en mi memoria pues impresionaron mi mente y no tengo registros fotográficos de ese evento.
Años después, en 1980, volví a transitar esos lugares acompañado por mi familia en auto y las experiencias fueron similares: Ventisqueros negros, cascada, arroyo en planicie de hielo y rocas, en definitiva, la naturaleza estaba igual.
Cuando regreso a ese paisaje extraordinario en 2018 la cascada estaba igual, pero caía sobre un playón de rocas desiguales y secas, formando un pequeño arroyito perdido entra las rocas. El ventisquero negro, grandioso, majestuoso, se había retirado un kilómetro y medio del camino donde llegaban los buses de turismo: en la explanada cercana y cercada para no invadir zonas peligrosas para los turistas, había un mapa descriptivo informaba lo que se veía a lo lejos, un lago verdoso donde flotaban unos trozos de hielo continental desprendidos del glaciar lejano y se veían las paredes desgastadas por el antiguo hielo en su tránsito por las laderas del cerro.
El calentamiento global y la era posindustrial influyeron en el derretimiento de los glaciares y el cambio del paisaje que alguna vez conocimos: en cuarenta años se destruyeron Glaciares creados por la Naturaleza durante más de cuarenta mil siglos.
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